Proclama de Regino Mergeliza de Vera a los gallegos (1874)


El comandante general carlista de Galicia, Regino Mergeliza de Vera, dirigió una proclama a los legitimistas gallegos el 16 de julio de 1874, incitándoles a alzarse contra el «impío, tiránico y usurpador gobierno de la República» y a «defender la bandera de Dios, Patria y Rey» que simbolizaba la España Católica bendecida por el Apóstol Santiago en la lucha contra la morisma. Por el aniversario de la misma, reproducimos a continuación su contenido.

HABITANTES DE GALICIA:

El Rey Nuestro Señor D. Cárlos 7.º de Borbón (Q.D.G.), se ha dignado confiarme el mando superior militar de estas Provincias, y yo, soldado leal y obediente, vengo en medio de vosotros á cumplir los sagrados deberes que me impone este puesto de honor.

Los verdaderos Españoles oprimidos durante cuarenta años por una turba de Pretorianos descreídos que han trabajado con satánica constancia, aunque en vano, en arrancarles su fe y borrar sus gloriosas tradiciones, comprendieron al fin que corría por sus venas la sangre de Pelayo, y levantándose contra sus opresores, sin más armas que las arrebatadas al enemigo, ni otro auxilio que el de Dios y el que encontraban en su valor y en su desesperación, han formado numerosos y disciplinados Ejércitos, que hoy por todas partes marchan victoriosos, augurándonos un glorioso y completot triunfo.

Las reales huestes comandadas por nuestro invicto Monarca, han lanzado ya de las Provincias Vasco-Navarras a las hordas liberales que las infestaban. Los Catalanes y Valencianos, los Aragoneses y Manchegos, los Castellanos y nuestros hermanos de Asturias acuden por millares a alistarse bajo el Estandarte de la legitimidad: vencen al enemigo en cien combates y se apoderan á viva fuerza de Capitales de Provincia, como Cuenca y Albacete, de importantes poblaciones cual Sigüenza y Vich. Solo Galicia continúa postrada y abatida, ofreciendo sus tesoros y la sangre de sus hijos al impío, tiránico y usurpador gobierno de la República.

Si vosotros, hijos predilectos de nuestro glorioso Patrón Santiago, queréis permanecer sumidos en tan incalificable marasmo, arrojad al menos al Occeano, que baña vuestras risueñas playas, esas veneradas cenizas que encierra Compostela, glorioso monumento en otro tiempo de vuestra acendrada fe, y convertidas hoy en terrible, acusador espectro de vuestra apatía.

Pero no: los nobles aunque impotentes esfuerzos que hasta ahora habéis hecho en pró de nuestra Santa Causa, patentizan que aún arde en vuestros pechos la fe y el entusiasmo que animaba a aquellos ilustres ascendientes vuestros, que vencieron en numerosos encuentros a los sarracenos y a las aguerridas huestes del Capitán del Siglo.

Yo confío en que olvidadas las desgracias anteriores, animados con el honroso ejemplo que hoy nos ofrecen nuestros hermanos de las demás Provincias, los que también en un principio sufrieron descalabros y reveses; acudiréis presurosos a defender la bandera de Dios, Patria y Rey que hoy despliego al viento: bandera que simboliza la España Católica: y que nuestro Santo Patrón tantas veces bendijo, y aún ayudó eficazmente con su presencia en los combates que sostuvieron nuestros padres contra la morisma.

A las armas: Valientes Galaicos; y probad a la España y al mundo entero, que si habéis sido los últimos en acudir de una manera eficaz al llamamiento de nuestro legítimo y amado Soberano, por vuestro valor y heroísmo sois dignos de colocaros al par de los primeros.

A las armas: y seguid a este Veterano de la guerra de los siete años; pues él, con auxilio de Dios y el de nuestro Santo Apóstol, os jura bajo su palabra de soldado y de caballero o perecer en la demanda, o conduciros a la victoria al grito Sacrosanto de...

 ¡Viva la Religión!

 ¡Viva nuestro glorioso Patrón Santiago!

 ¡Viva España!

 ¡Viva Carlos VII!